Un acabado rústico que otorga a calles y plazas un aspecto histórico inigualable. Su textura irregular ofrece distinta respuesta a la reflexión de la luz, y esto se traduce en la sensación de que cada ladrillo es único. Su apariencia natural es magnífica, reflejo de suelos tradicionales y de una larga historia de adoquines tallados a mano desde la piedra natural.